LA GANADERÍA SE ADAPTA AL CAMBIO CLIMÁTICO

Por Marta Alfaro V.
Ingeniero Agrónomo, Ph. D.
INIA Remehue


El aumento de la población mundial ha generado un incremento en la demanda de alimentos y en especial de proteínas de origen animal, lo que se traduce en una intensificación de sistemas productivos ganaderos tradicionales. Si este desarrollo se realiza de manera inadecuada, puede acarrear impactos negativos sobre el medio ambiente (agua, suelo, aire) y uno de los principales efectos ambientales asociados a la producción ganadera a nivel mundial es la generación de Gases de Efecto Invernadero (GEI).

El GEI natural más importante es el vapor de agua, mientras que los principales GEI generados por las actividades antrópicas son el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O), los gases hidrofluorocarbonos (HFCs), perfluorocarbonos (PFCs) y el hexafluoruro de azufre (SF6). De estos, el CO2, el CH4 y el N2O se generan en el ámbito agrícola y ganadero.

Las emisiones mundiales de GEI se han incrementado en un 81% entre 1970 (27 Gt año-1) y 2010 (49 Gt año-1), por lo que la temperatura media de la superficie terrestre ha aumentado en 0,6°C desde finales del siglo XIX. Esta situación ha generado cambios en los patrones meteorológicos, fenómeno que se conoce como cambio climático.

Con la finalidad de limitar el impacto de este fenómeno en el planeta, los países participantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) firmaron en diciembre de 2015 el Acuerdo de Paris, que establece como meta mantener el aumento de la temperatura del planeta por debajo de los 2°C respecto a los niveles preindustriales hacia el año 2050. Del mismo modo los países se comprometieron a llevar a cabo todos los esfuerzos necesarios para que no se rebase los 1,5 °C con el fin de evitar impactos catastróficos. Este Acuerdo entró en vigencia el 4 de noviembre de 2016 debido a la ratificación, aceptación y/o aprobación por más de 190 países. Chile ratificó su incorporación a este acuerdo en febrero de 2017.

Se espera que la población mundial aumente de 7,2 billones de habitantes en 2013 a 9,6 billones de habitantes en 2050, y que en respuesta a ello la demanda por leche aumente en un 58% por sobre los niveles producidos en 2010.

La investigadora Marta Alfaro ha trabajado en el desarrollo de diversas herramientas que permiten medir el GEI y saber cuál es la contribución del sector agropecuario de Chile en estas emisiones. También ha liderado el desarrollo de proyectos de investigación que han permitido evaluar prácticas de manejo de fertilización o alimentación animal; aumentar la eficiencia productiva y una aplicación para teléfonos móviles, llamada SmartINIA. El objetivo final es que el sector ganadero sea más eficiente y, a la vez, amigable con el medio ambiente.

En la actualidad existen tecnologías y prácticas disponibles que pueden ayudar a reducir las emisiones de GEI del sector, explica la investigadora, y se estima que si todos los productores ganaderos de un tipo de sistema productivo en una región específica implementaran las tecnologías y mejores prácticas actualmente en uso por el 10% de los productores con menores emisiones, las emisiones de GEI del sector podrían reducirse en un 30%. “Sin embargo, estas medidas no son ampliamente usadas debido a limitaciones en su costo/beneficio, desafíos en su implementación, deficiencias de políticas adecuadas para su adopción y de los procesos de transferencia de tecnología”, señala.

INIA comenzó las mediciones de GEI en sistemas ganaderos el año 2009 y a partir de entonces ha desarrollado proyectos de investigación con financiamiento nacional e internacional tendientes a conocer cuál es la contribución del sector agropecuario de Chile a las emisiones de GEI. Esta información ha contribuido a la mejora del Inventario Nacional de GEI de Chile, documento oficial que el país utiliza para reportar sus emisiones y avances en mitigación y adaptación al cambio climático a la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático.

Los proyectos de investigación desarrollados por INIA han permitido evaluar prácticas de manejo de fertilización o alimentación animal, que, junto con aumentar la eficiencia productiva, reduzcan las emisiones de GEI. Los resultados generados a la fecha han permitido aumentar la eficiencia de uso del fertilizante nitrogenado que se aplica en praderas, ya sea a través del aprovechamiento del nitrógeno que el suelo aporta naturalmente (mineralización de nitrógeno) o a través de la reducción de la fertilización nitrogenada por medio del cambio de la formulación tradicional del fertilizante. En ambos casos se logra una reducción de la dosis de fertilización (hasta un 50% menos) y por tanto de los costos asociados. En forma complementaria, para facilitar la toma de decisión por los productores, INIA generó una aplicación para dispositivos móviles denominada smartINIA. Adicionalmente, INIA ha evaluado cultivares de forrajeras permanentes adaptadas a producir forraje en periodos de sequía, con incrementos productivos de hasta 100% en el periodo de verano-otoño, lo que permitiría mejorar la productividad ganadera en este periodo, con una reducción adicional de la fertilización nitrogenada empleada de hasta un 30%.

INIA colabora en esta área en forma permanente con instituciones internacional pioneras en esta área. Dentro de ellas destaca la Alianza Global para la Mitigación de Gases de Efecto Invernadero en Agricultura (GRA por su sigla en inglés) de la cual Chile es miembro desde su conformación y en la que INIA representa al país.

Adicionalmente, INIA es pionera en esta área a nivel de Latinoamérica y El Caribe y ha sido una entidad que ha capacitado a investigadores y estudiantes del continente en la materia. Así, el año 2014 se generó la primera Conferencia en Gases de Efecto Invernaderos de Sistemas Agropecuarios de Latinoamérica (GALA), que ya va en su tercera versión.





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